Además de ser servidor público, soy un orgulloso papá de tres hijos y, como la mayoría de las madres y los padres de nuestro país, todos los días me esfuerzo por darles un buen ejemplo mientras crecen y encuentran su propia identidad.
Siempre les he dicho que la mejor herencia que puedo dejarles es una buena educación. Constantemente les hablo de la importancia de prepararse, de estudiar y de construir un proyecto de vida propio, porque la educación no se limita a la escuela, también se construye todos los días en casa.
Cuando participo en las asambleas con madres y padres de familia, me gusta hablar de este tema. Sé que muchas veces es complicado, tenemos jornadas laborales extensas, preocupaciones de todo tipo y, en ocasiones, el cansancio termina por ganarnos la batalla, por eso, a veces creemos que basta con estar pendientes de las calificaciones o preguntar si la tarea ya está terminada.
Sin embargo, pienso que nuestra responsabilidad va mucho más allá. Debemos recordarles, con palabras y con acciones, lo valiosos que son, hacerles saber que confiamos en ellos y demostrarles que estaremos a su lado para apoyarlos.
La primaria y la secundaria son etapas fundamentales. Es en esos años cuando las niñas, niños y adolescentes comienzan a descubrir quiénes son, a definir sus gustos, a tomar sus propias decisiones y, es precisamente en ese momento, cuando más cerca debemos estar.
Necesitamos encontrar un espacio para escucharlos, orientarlos y hacerles saber que el estudio es una herramienta poderosa para alcanzar sus sueños. También debemos recordarles que no están solos, que nos tienen a nosotros, a maestras y maestros, comunidades e instituciones que trabajan para acompañarlos en su camino educativo.
Una de las mejores maneras de sembrar esa semilla es acercándolos a la lectura. Un libro sigue siendo una ventana abierta hacia otros lugares, otras épocas y otras maneras de comprender la vida. Leer fortalece la imaginación, estimula la creatividad y nos enseña a mirar el mundo desde distintas perspectivas. Pero, además, la lectura también es una oportunidad para compartir tiempo, afecto y atención.
Me gustaría invitar a las madres y a los padres a recuperar esos espacios y dedicar unos minutos al día a leer junto a sus hijas e hijos, conversar más con ellos y establecer límites razonables al tiempo que pasan frente a las pantallas.
En los últimos días, la presidenta Claudia Sheinbaum ha impulsado una reflexión importante sobre el uso de las redes sociales y de los dispositivos electrónicos por parte de la niñez. Se trata de una conversación necesaria porque la tecnología puede ser una gran aliada, pero también es nuestra responsabilidad enseñarles a utilizarla con equilibrio, responsabilidad y sentido crítico.
El mundo digital puede ofrecer muchas cosas, pero hay experiencias que no deberían perderse. La lectura es una de ellas; no todo está en una pantalla.
Con esa idea nació Lee Hoy, una iniciativa con la que buscamos acercar a nuestras y nuestros becarios al hábito de la lectura y recordar que un libro siempre será una oportunidad para descubrir algo nuevo.
Nuestras hijas e hijos crecen más rápido de lo que imaginamos y sé bien, porque yo también lo vivo, que con el paso de los años lo que recordarán es el tiempo que pasamos con ellos, las conversaciones que nacieron desde el corazón y los momentos en que les hicimos saber que podían contar con nosotros.
Educar es una tarea colectiva en la que participamos el Gobierno, las escuelas y las familias. Como madres y padres, uno de los mayores legados que podemos dejarles es nuestra presencia, nuestro ejemplo y nuestro acompañamiento para que sigan aprendiendo, se preparen y continúen sus estudios.
